Reflexiones de un martes por la mañana: Carpe Diem

Ya sé que habréis leído entradas como esta cientos de veces y aún a riesgo de parecer una entrada de autoayuda (lo cual no pretendo) es algo que me gustaría compartir con todos. Algo que he descubierto recientemente y que creo merece la pena ser compartido.

Llevaba tiempo obsesionada con la felicidad. La felicidad. Casi no entendía del todo la palabra. No es que no haya sido feliz, que por supuesto lo he sido en múltiples ocasiones en mi vida, pero eran momentos y al rato, al día, a las horas esa maravillosa sensación dejaba de estar presente de manera tan viva. Me obsesionaba no conseguir que se mantuviera constante cada segundo de cada día. Siempre había algo que conseguía hacerme olvidar esa sensación: algún problema, el trabajo… ¿Por qué no podía ser feliz todo el tiempo?

Había cosas que no me gustaban en mi vida y cosas que anhelaba hacer con todas mis fuerzas. Pensé que quizá ahí residía el problema, así que un día me armé de valor y rompí con todo lo que me hacía sentir mal, lo que me agobiaba y fui detrás de lo que de verdad quería hacer. Y a pesar de todo, seguía sin ser feliz todo el tiempo. ¿Por qué?

Entonces un día cualquiera este verano entendí que soy una inconformista y éso era lo que estaba consiguiendo bloquear mi felicidad. ¡Yo misma era mi principal problema! A pesar de conseguir cosas que me estaban encaminando hacia todo lo que siempre había soñado estaba demasiado pendiente del futuro, obsesionada con él (el qué pasará si esto no sale bien, el qué haremos si…) y éso conseguía bloquear la felicidad que me estaba proporcionando el presente.

Intenté olvidarme de lo que podía pasar de aquí a unos meses y centré toda mi atención en lo que estaba pasando ahora y entonces comprendí que era feliz cada segundo del día, que hay cosas insignificantes que son las que más felices nos hacen. Dedicar tiempo a cocinar algo que te apetece, disfrutar de un paseo en bicicleta… Cada segundo cuenta. En cada pequeña cosa que hacemos con agrado reside la felicidad y está en nuestras manos conseguirla.

Después de 28 años he comprendido la idea del Carpe Diem. ¡Más vale tarde que nunca!

M. Deimos

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