SALVAJES

Siempre he vivido en el campo. De hecho nací al aire libre una fresca madrugada de primavera. Mi madre se había criado de manera salvaje, como algunos del pueblo suelen decir, por lo que siempre me ha dado una cierta libertad que muchos de los que ahora conozco envidian. Quizá debería haber sido más estricta conmigo y no dejarme corretear lejos de su atenta mirada. Quizá eso me habría salvado.

Una mañana, aprovechando que ella descansaba, me aventuré valientemente a explorar la inmensidad del mundo que me rodeaba. ¡Había tanto por explorar!

Sin saber muy bien cómo, me vi rodeada de un grupo de hombres que acorralaban mi posibilidad de escapar. Me ataron, me amordazaron y me llevaron hasta uno de los establos situado a las afueras del pueblo. Allí, observé aterrada cómo colocaban una vara de hierro al fuego hasta que este se volvió incandescente y, con él, marcaron mi piel. Jamás volví a ser libre.

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