Se me ocurrió en el baño

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– Se me ocurrió en el baño.

Era lo único que repetía la mujer mientras la atendían los del SAMUR. Su marido yacía muerto en el salón de su casa mientras ella permanecía inmóvil en una silla, dejándose tomar las constantes vitales y respondiendo a los estímulos visuales de la linterna.

– Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

La subieron a una camilla y de allí a la ambulancia. Solicité ir con ella dentro.

– El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

La observé sin pronunciar una palabra. Simplemente mis ojos sobre los suyos.

– Yo soy la gota y él la roca. El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

Sonrió, como si aquello formara parte de una broma graciosa. Yo me mantuve impasible.

– Una roca puede ser erosionada por una gota si es constante y precisa. Yo soy la gota y él la roca. El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

La condujeron a una habitación del hospital provincial y me dejaron a solas con ella.

– Así fue cómo se me ocurrió asesinar a mi marido. Una roca puede ser erosionada por una roca si es constante y precisa. Yo soy la gota y él la roca. El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

Parecía hablar conmigo, pero no me miraba. Se ajustó el camisón hospitalario a las muñecas.

– La gotera del techo fue la que me dio la idea. Así fue cómo se me ocurrió asesinar a mi marido. Una roca puede ser erosionada por una roca si es constante y precisa. Yo soy la gota y él la roca. El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

Decidí que era un buen momento para sacar la grabadora y dejar constancia de la declaración.

– Un poco de veneno en una comida no es mortal, pero un poco en cada comida durante varios días sí. La gotera del techo fue la que me dio la idea. Así fue cómo se me ocurrió asesinar a mi marido. Una roca puede ser erosionada por una roca si es constante y precisa. Yo soy la gota y él la roca. El desinfectante simplemente estaba ahí. Fue muy fácil. Se me ocurrió en el baño.

Ya estaba. Tenía lo que necesitaba. Apagué la grabadora y salí de la habitación. Antes de marcharme eché un último vistazo. La mujer levantó los brazos para decirme adiós.

Entonces vi los moratones.

M. Deimos

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