Parálisis

paralisis

Cuando la mujer abre la puerta, me sorprendo a mí mismo observándola de pie, al otro lado del umbral, soportando el insistente viento helado que parece tener como propósito descolocar el único pelo de mi pelada cabeza y refrescar el ardiente rubor que siento en las mejillas. Quisiera pasar, esa era la idea, pero mis piernas no responden. Desearía que se me ocurriera algo ingenioso que decir y así desviar la atención centrada en mi absurda parálisis. Pero no se me ocurre y permanezco inmóvil hasta que ella, finalmente, cierra la puerta. Yo, continúo al otro lado, observando el llamativo cartel luminoso del sex shop.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s