Literal

candado

– Aquí tiene, la llave de su casa.

Juan bajó la mirada hacia la palma de su mano y observó atónito la pequeña llave del candado de la puerta. No estaba seguro de cómo debía sentirse.

Habían pasado cuatro años y tres meses desde que denunció a la distribuidora de agua reclamando una vivienda después de que las obras para mejorar las tuberías desplazaran los cimientos de su antiguo hogar haciendo que el edificio se cayera a pedazos. Harto de un aplazamiento tras otro, su abogado había organizado una reunión con la distribuidora y le advirtió que si quería conseguir algo no debía ser demasiado ambicioso.

No buscaba un gran chalet de lujo. No hacía falta que los materiales fueran los más caros del mercado. Lo único que quería era una vivienda, un lugar para refugiarse, donde poder vivir. Pero aquello…

– Esto es…

– Exactamente lo que usted pidió: una construcción rústica pequeña de materiales pobres destinada a refugio o vivienda.

La defensa había hecho una interpretación libre y, en este caso, literal de las palabras de Juan, cumpliendo su deseo de tener… ¿una cabaña?

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