Los sueños se cumplen… si se persiguen

Quizá sea porque últimamente no hago más que recibir buenas noticias pero esta mañana me he despertado con esta reflexión: los sueños se cumplen si se persiguen.

Es maravilloso soñar y tener objetivos a alcanzar porque hacen que cada día te levantes con esa idea en la cabeza. Pero a veces los sueños pueden resultar desmoralizantes, sobre todo cuando pasa el tiempo y ves que no llegan a cumplirse.

Ese momento es clave. Ese punto de inflexión en el que el tiempo empieza a pesarte sobre los hombros. Si abandonas, si desistes en la persecución de ese sueño, jamás se cumplirá porque las casualidades (aunque nos encante asignarlas un gran protagonismo) son muy raras y en muchas ocasiones no son fruto por completo del azar. Pasa con ellas un poco lo mismo que con la inspiración.

Quizá me resulte sencillo llegar a esa conclusión en este momento de mi vida en el que todo parece sonreírme pero si echo la vista atrás y observo el recorrido realizado veo que detrás traigo conmigo años de constancia, de ilusión, de perseverancia, de ganas de mejorar y encaminar mis pasos a ello, de pruebas fallidas (muchas) porque antes de las buenas noticias he tenido muchas malas… Entonces soy consciente de que todos los pasos que he dado han estado guiados por esa ilusión y esas ganas de mejorar como pilares básicos de este sueño, que no he dejado de escribir a pesar de no llegar a ningún sitio, porque el objetivo en sí mismo no era ser ganadora sino el hecho de escribir como una necesidad. La clave quizá sea que mi objetivo no era económico, que mi sueño no es la fama ni la riqueza sino escribir y que mis historias se lean. Creo que por eso, porque era una necesidad y porque quería hacerlo cada vez mejor he ido creciendo. Quiero pensar que, gracias a ese enriquecimiento, poco a poco lo sembrado está dando sus frutos.

Anuncios

El samurai

A falta de una catana siempre son útiles unas buenas tijeras que corten bien.

Ayer hablaba de la inspiración intentando desmitificarla un poco, analizando de manera consciente lo que hay detrás de ella, porque a veces nos olvidamos de que lo que escribimos es resultado de nuestro propio trabajo, nuestra constancia, nuestra perseverancia, nuestras ganas de contar historias, de crear, de ser originales. Nadie lo hace por nosotros. Nadie. Por tanto, no es justo que las musas se lleven todo el mérito. Es cierto que ellas están ahí para detectar, de lo que nos rodea, aquello que encaja dentro del trabajo que tenemos en mente. Son una más del proceso creativo pero no el todo.

Bien, hoy quiero hablar de algo que es igual de complicado (o más) que el propio trabajo creativo. Natalie Goldberg es su libro, El gozo de escribir, lo denomina hacer el samurai.

¿Qué es hacer el samurai?

Cuando escribimos damos rienda suelta a la imaginación, dejamos que las palabras fluyan, sin censuras, sin correcciones. Permitimos que las ideas, tal cual surgen, se plasmen en el papel. Detenernos a pensar la mejor manera de decir esta u otra cosa, a buscar la palabra adecuada, a releer lo que llevamos… lo único que consigue es frenarnos. Matamos la creatividad. Todas esas cosas se pueden hacer después, durante el proceso de corrección. Mi recomendación es que esas frases que te suenan raras al escribirlas, esa palabra que no encuentras en tu cabeza, las subrayes y escribas lo que primero se te viene a la cabeza. De esta manera marcas la duda pero sin coartarte. Durante la corrección regresarás a ellas y en ese momento podrás pararte a pensar y probar distintas opciones hasta que encuentres la que te cuadre.

Pero esto no es hacer el samurai.

Hacer el samurai es tener la capacidad y la honradez con uno mismo para leer lo que hemos escrito, ser críticos con nosotros mismos y detectar qué funciona y qué no. A fin de cuentas, qué sobra en lo que he escrito y qué debe permanecer. Porque siempre sobran cosas. Siempre. Puede haber frases que nos gusten mucho, pero que corten el ritmo del texto o que no peguen en la escena en la que la hemos introducido. Puede ser maravillosa, poética, una idea brillante, pero no encaja. Asumámoslo y eliminémosla.

Hacer el samurai es de las tareas más difíciles a la hora de escribir pero también es gratificante saber que lo haces por el bien del texto y que ese sacrificio lo mejorará.

La inspiración

A veces tengo la sensación de que se nos llena la boca hablando de la inspiración como si fuera la única responsable de nuestra capacidad creadora. No quiero quitarle mérito porque es cierto que a veces, donde menos te lo esperas, surge una buena idea. A mí me ha pasado y suelo presumir de que los viajes en moto son mi fuente de inspiración. Y es así. Pero no seamos simples e indaguemos un poco en lo que hay detrás de esas musas que vienen a visistarnos en los lugares más insospechados.
Detrás de una buena idea siempre hay un trabajo detrás. Las cosas no surgen de la nada. Esos momentos clave en los que de pronto parecen encajar todas las piezas son fruto de días, semanas o meses dando vueltas a algo, rumiándolo, sin tener una forma definida, sin ser del todo tangible. Durante ese tiempo el cerebro está permeable a todo lo que le rodea, captando todo aquello que pueda relacionar con esa idea difusa que lucha por abrirse paso en nuestra mente. Por eso cuando aparece esa pieza que faltaba en el engranaje funciona, pero funciona porque ha habido un diseño detrás, porque el resto de piezas estaban a medio montar, porque solo le faltaba una chispa.
La inspiración es esa chispa.

¿El cosmos está implicado o será cosa de los nombres?

No puedo asegurar con certeza si las coincidencias existen o uno las busca. Pero últimamente están sucediento ciertas cosas que me dan qué pensar. Se me viene a la mente la expresión alinearse los planetas como imagen muy visual aunque no puedo dejar de pensar en Amélie Nothomb y su obsesión con los nombres. Con la importancia de los nombres y en cómo esa obsesión ha podido imfluir en mí de alguna manera después de las lecturas de sus novelas. Me explico.

Hace apenas un mes me comunicaron el fallo del II Certamen de Relato “Letras i diezmo” en el que participé y del que resulté ganadora. Curiosamente el pseudónimo que utilicé (era la primera vez que lo utilizaba) fue el nombre de uno de los personajes de la novela que escribí el año pasado, Eris Alhena, y que aún no se ha publicado. Nombre que, por otro lado, no elegí al azar. Ese personaje fue bautizado de esa manera por un motivo concreto y por tanto su elección fue premeditada. 100% a conciencia. Esta vez no utilicé mi método del diccionario de nombres y apellidos.

Un mes después, editorial Leibros (una de las cuatro editoriales a las que envié el manuscrito de Catarsis, que es el título de dicha novela. Título que tan poco está elegido de cualquier manera), se pone en contacto conmigo para indicarme que han realizado la lectura de la novela y que les resulta interesante. ¡QUIEREN PUBLICARLA!

Puede que no haya una relación cósmica implicada en esta serie de acontecimientos (hay alguna coincidencia más pero hablar de ella sería desvelar cosas de la novela y no me gusta hacer spoiler), puede que solo sea casualidad. O puede que sea cosa de los nombres. En cualquier caso, por favor, que siga habiendo más casualidades como esta.

El cuento de la criada (Margaret Atwood)

Nuestra lectura del mes de mayo es El cuento de la criada de Margaret Atwood.

Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.

Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood.

¡Feliz lectura!

Falsa identidad (Sarah Waters)

Nuestra lectura de abril fue Falsa identidad de Sarah Waters.

Sue Trinder, una joven huérfana de diecisiete años que vive en el Londres más salvaje, protegida por la señora Sucksby, la gran «madre» de una dickensiana comunidad de delincuentes, es enviada a una mansión en el campo como doncella de la joven Maud Lilly. Pero Sue va con una misión: ayudar a Richard Rivers, Caballero, un aristócrata desclasado, quien planea casarse con Maud, recluirla luego en un manicomio y gozar de la fortuna que ella ha heredado. Hay un obstáculo, el excéntrico tío de Maud, un bibliófilo empedernido quien la ha educado para que sea la lectora de su  biblioteca y la mantiene como secretaría de la misma.

¡Feliz lectura!

Basada en hechos reales (Delphine De Vigan)

Nuestra lectura de marzo fue Basada en hechos reales de Delphine De Vigan.

«Durante casi tres años, no escribí una sola línea», dice la protagonista y narradora. Se llama Delphine, tiene dos hijos a punto de dejar atrás la adolescencia y mantiene una relación sentimental con François, que dirige un programa cultural en la televisión y está de viaje por Estados Unidos rodando un documental. Estos datos biográficos, empezando por el nombre, parecen coincidir difusamente con los de la autora, que con Nada se opone a la noche, su anterior libro, arrasó en Francia y en medio mundo. Si en esa y en alguna otra obra anterior utilizaba los recursos novelescos para abordar una historia real, aquí viste de relato verídico una ficción. ¿O no?

Delphine es una escritora que ha pasado del éxito apabullante que la puso bajo todos los focos al vértigo íntimo de la página en blanco. Y es entonces cuando se cruza en su camino L., una mujer sofisticada y seductora, que trabaja como negra literaria redactando memorias de famosos. Comparten gustos e intiman. L. insiste a su nueva amiga en que debe abandonar el proyecto novelesco sobre la telerrealidad que tiene entre manos y volver a utilizar su propia vida como material literario. Y mientras Delphine recibe unas amenazantes cartas anónimas que la acusan de haberse aprovechado de las historias de su familia para triunfar como escritora, L., con sus crecientes intromisiones, se va adueñando de su vida hasta bordear la vampirización…

¡Feliz lectura!