Club de lectura Diciembre 2016

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Este jueves mostré a los miembros del Club las siguientes imágenes para que me dijeran qué veían. Cabe preguntarse, ¿para qué? Dado que la temática que había guiado mi criterio de selección para las novelas del mes de diciembre eran los distintos puntos de vista narrativos, quise jugar un poco con ellos y mostrarles que los puntos de vista influyen a la hora de contar una historia.

Las novelas propuestas fueron:

  1. Crónica de una muerte anunciada – Gabriel García Márquez (Punto de vista de los testigos)
  2. El príncipe destronado – Miguel Delibes (Punto de vista de un niño)
  3. La ladrona de libros – Markus Zusak (Punto de vista de la muerte)
  4. Diario de un zombi – Sergi Llauger (Punto de vista de un zombi)

La novela elegida por los miembros del Club fue: Diario de un zombi.

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Club de lectura – Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)

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Ayer finalizamos Fahrenheit 451 de Ray Bradbury en el Club de lectura, y nos dejó con un sabor agridulce.

SINOPSIS

Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias trasnmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.

MI OPINIÓN

Debo decir que, en los últimos días, me he dado cuenta de que soy muy fan de la novela distópica y por eso, quizá, recomendé este libro en el Club. Pero también he sido consciente de que casi todas las novelas distópicas que he leído no tienen un final feliz, pero hasta ayer no había registrado ese dato en mi cabeza.

La idea de Ray Bradbury es asombrosamente profética como dice en la sinopsis. No sólo por la aparición de pantallas de televisión planas que pueden atolondrarnos, sino también por el alienamiento en el que vive esa sociedad, la presencia de cajeros automáticos abiertos las veinticuatro horas, o su versión de un móvil con manos libres. Siempre que una lee este tipo de novelas le agrada ver que dentro de ese mundo creado por el autor, hay alguien que parece despertar de su letargo para luchar en contra. En este caso lo que me ha resultado más interesante es analizar los comportamientos de otros personajes que no son el protagonista y ver que ellos son también ese tipo de personas que saben que algo va mal: Beatty, Mildred o la señora Phelps (en mi opinión, claro está, esto no lo dice explícitamente el autor) viven con cierto desasosiego. Saben que falta algo, que están sometidos, que realmente no son felices aunque deberían serlo, pero lamentablemente no llegan a dar el paso, para rebelarse, por miedo. Ni siquiera Beatty, en el que teníamos puestas todas nuestras esperanzas llega a nada. Sólo consigue que Montag despierte del todo. Faber lo ayuda, pero tampoco hace nada concreto. Los “vagabundos” que son los que más claramente ven que el sistema está corrupto, aguardan escondidos en los bosques a la espera. ¿A la espera de qué? No accionan. Son pasivos. Y el supuesto héroe, que tiene muy pocas luces para saber qué es lo más adecuado en cada momento, se limita a recibir órdenes y acatarlas. Pasa de un bando a otro cumpliendo la misma misión (quizá en este caso con un poco más de criterio que antes). Y aunque se nos dice, casi al final del libro, que si recordamos evitaremos cometer los mismo errores, la experiencia nos ha enseñado que el ser humano tropieza dos veces (o doscientas) en la misma piedra y que la historia parece cíclica, alternanto momentos de lucidez y oscuridad.

Conste que esta visión tan negativa no me la llevé la primera vez que la leí. Quizá porque no compartí impresiones ni me detuve a analizarlo ahora en el Club.

 

Club de lectura – Ácido sulfúrico (Amélie Nothomb)

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Durante esta primera quincena de noviembre nos hemos adentrado en el peculiar mundo de Amélie Nothomb (mundo complejo y extraño, quizá a veces hermético y que puede provocarnos cierto rechazo). Las lecturas de sus textos crean eso: rechazo o atracción. Así es ella. Sus novelas se caracterizan por pasar por encima de la trama principal porque es una excusa para lo que realmente quiere hacer: ponernos delante todo eso que no nos gusta del ser humano. Con su Ácido sulfúrico no podía ser diferente.

Entre los miembros del Club ha habido opiniones dispares: gusta o no gusta.

SINOPSIS

El último grito en programas televisivos de entretenimiento se llama «Concentración». Por las calles de París se recluta a los participantes de este reality show, que serán trasladados al plató en vagones precintados como los que trasportaban a los judíos durante el exterminio nazi y, después, internados en un campo. Ante las cámaras de televisión, los prisioneros son golpeados y humillados. El clímax llega cada semana, cuando los telespectadores ejercen el televoto: desde sus casas pueden eliminar-ejecutar a uno de los participantes. Pannonique, una estudiante de gran belleza, es reclutada. Zdena, una mujer sin empleo, se enamora de ella. Una pareja fatal: la víctima y el verdugo. Cuando la audiencia tiene que votar sale a la luz el sadismo inconsciente del público que deplora el horror pero es incapaz de perderse una entrega. Una historia que sirve como crítica de un mundo brutal y crudo de hipocresía biempensante: un mundo en el que incluso la denuncia del sistema pertenece al sistema.

MI OPINIÓN

Como siempre, voy a dar mi humilde opinión acerca de esta novela. Y como siempre, si no has leído la novela y tienes pensado hacerlo, deja de leer en este momento porque voy a hablar del final y puede que no lo quieras saber.

La peculiaridad de esta novela (y este es principal motivo por el que suele provocar rechazo) es el hecho de que no parece una novela, sino más bien el esquema de una novela. Parece que la autora hubiera dejado por escrito el resumen y las pinceladas de una historia que podría ser más extensa y ahondaría en ciertos aspectos de los personajes, de la sociedad en la que viven o de situaciones que surjen. Pero eso no sucede. Al contrario de lo que cabe esperarse, la trama en sí de la novela es algo secundario, porque en este caso tiene más fuerza la idea que quiere mostrarnos la autora que en sí la capacidad narrativa. Es una excusa para ponernos delante un espejo y ver en él el reflejo de lo que es su visión de la sociedad: hipócrita, morbosa… con un final que invia a la esperanza: quizá no esté todo perdido y podamos cambiar.

En este punto no puedo dejar de pensar en el personaje de Zdena y si éste no será sino una metáfora de esta sociedad de la que nos habla la autora. Una sociedad que en respuesta al maltrato al que se ha visto sometida, devuelve los golpes a palos, mira sólo sus propios intereses y cometerá las injusticias que considere necesarias para conseguirlos pero que, finalmente, de algún modo consigue abrir una puerta que le permite ver las cosas desde otro punto de vista: que hay una alternativa y se puede cambiar, que no todo está perdido ni estamos abocados al fracaso como quizá nos hacen creer.

Creo que su lectura ha sido enriquecedora porque se ha hablado de muchos temas acerca de la sociedad y nos hemos atrevido a ser sinceros y ver que nosotros formamos parte de esa sociedad y no somos elementos externos cuyas acciones no influyen. Todos influimos y nuestro comportamiento a veces es cobarde, injusto, hipócrita, morboso… Lo importante es ser consciente de ello para poder empezar a cambiarlo.

 

Los pequeños detalles

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Hace un tiempo estuve en la presentación de un libro de relatos cortos y durante la misma el autor comentó el modo en que está cambiando la forma de lectura. El modo de vida que llevamos casi nos exige lecturas tan rápidas como el ritmo que seguimos durante el día. No hay tiempo para el esparcimiento relajado y los relatos cortos son una forma de entretenernos leyendo, recibiendo una historia completa en apenas cinco minutos (y eso ya es mucho decir). Esta idea quedó relegada en algún rincón de mi cerebro que recientemente ha vuelto a ser activada revisando la novela para Club de lectura de la segunda quincena de noviembre, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, donde en su ficción distópica habla de cómo los clásicos se convirtieron en emisiones radiofónicas de quince minutos, después se transformaron en lecturas de dos minutos y finalmente convertidas en un resumen de diez o doce líneas. Esta novela fue escrita en 1953 y me sorprende, casi me asusta, el parecido de esa reflexión con nuestra actualidad.

Todo lo hacemos deprisa y corriendo. Buscamos el placer inmediato, rápido y sin contemplaciones y aplicamos esa ley para todos los aspectos de nuestra vida: nuestra forma de observar el mundo sin apenas detenernos a mirar de verdad, no tenemos tiempo para pensar o reflexionar sobre lo que sucede, vamos con prisas al trabajo, el colegio, incluso a las actividades de ocio (teatro, cine, deportes…), que consumimos sin permitir que nada de lo que hacemos deje su poso en nosotros. Sí, obtenemos el placer inmediato, pero nos privamos del placer que puede suponer dejar que lo que hacemos se asiente en nosotros dejándonos una huella que es perdurable en el tiempo. Al contrario, lo desechamos. Evidentemente si lo hacemos con nuestras propias vidas como no vamos a extrapolar esa forma de vivir a todo lo demás. Cuando queremos algo, lo queremos ya. Sin esperas de ningún tipo.

El otro día, viendo el programa de La 2 (Página 2) durante la entrevista a una de las autoras invitadas, me anoté el título de la novela de la que hablaban porque me llamó la atención y al día siguiente bajé a la librería de mi barrio y encargué la novela. Evidentemente no la tenía allí (no puede tener todas las del mundo) y evidentemente no puede hacer magia para que la traigan inmediatamente. Así que esperé pacientemente una semana a que llegase el encargo. Sí, podía haber ido a un gran centro comercial o a una de esas macrolibrerías-franquicias (que están muy bien, no digo que no) y conseguirla ya. Pero no lo hice. No hace falta. No tengo prisa. Si lo hubiera hecho habría descartado, sin ni siquiera haber llegado a darme cuenta, una de los placeres de mi vida, el que existe en el hecho de escoger una novela, encargarla en la librería y esperar su llegada. Siento que mi vínculo con ese libro se hace más personal. Hay algo de ritual en todo ese acto, resulta agradable y esa sensación es perdurable en el tiempo: durante la semana de espera primero, en el momento de tenerlo en mis manos, mientras lo leo y, después, cada vez que vuelvo a ver el lomo del libro o si lo vuelvo a leer, experimento ese placer que no ha sido sólo momentáneo.

No soy yo quién para decir cómo debe vivir cada uno su vida, pero creo que no nos vendría mal echar un poco el freno y disfrutar de todo lo que puede ofrecernos. Al fin y al cabo, la felicidad se encuentra en los pequeños detalles y, esos, sólo se pueden ver si nos paramos un momento a mirar.

Club de lectura – Noviembre 2016

Y una vez acabada la lectura de octubre nos metemos de lleno con las de noviembre. Sí, este mes los miembros del Club han elegido dos títulos entre los propuestos.

Hace 200 años Mary Shelley escribió lo que fue el germen de Frankenstein (en una visita a Lord Byron, su marido y ella, el anfitrión les propuso a ellos y a un amigo médico que escribieran un cuento de terror, después de haber estado leyendo historias de miedo. Fue ahí dónde surgió Frankenstein en versión reducida que posteriormente, en 1818, se convirtió en novela y se publicó por primera vez). Esta novela se considera (aunque no por todos) la primera novela de ciencia ficción, por eso este mes de noviembre he seleccionado cinco títulos de ciencia ficción o ficciones distópicas para el Club.

  1. Fundación (Isaac Asimov)
  2. La mano izquierda de la oscuridad (Ursula K. Le Guin)
  3. Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)
  4. 1984 (George Orwell)
  5. Ácido sulfúrico (Amélie Nothomb)

Lo que, en mi opinión, relaciona estas novelas es el hecho de estar ambientadas en sociedades distópicas (en el caso de Ácido sulfúrico no se ajustaría estrictamente al término ciencia ficción) y eso es lo que me resultó interesante a la hora de escogerlas. Los títulos seleccionados para su lectura han sido:

  1. Ácido sulfúrico
  2. Fahrenheit 451

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Club de lectura – La canción de Dorotea (Rosa Regàs)

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Esta semana hemos finalizado el mes de octubre en el Club y, con él, nuestra lectura. La novela que había sido seleccionada por los miembros del Club fue La canción de Dorotea de Rosa Regàs y con su pretexto nos hemos reunido semanalmente para compartir impresiones acerca de ella. Ha habido variedad en cuanto opiniones aunque si algo podemos concluir de esta lectura es que a ninguno nos ha dejado indiferentes, de un modo u otro.

Yo por mi parte he extraído mis propias conclusiones sobre la novela que a continuación voy a exponer (cuidado, es más que seguro que desvele aspectos del libro así que si tienes pensado leerla, detén tus ojos aquí y no continúes). Ante todo esta es mi opinión particular al respecto, por supuesto, en ningún caso la verdad absoluta.

Es una novela que engancha desde el principio. El lector (al menos en mi caso) se encuentra ávido de saber más, qué más va a ocurrir y a dónde se dirigen estos extraños personajes (porque si hay algo seguro es que todos y cada uno de los personajes que aparecen en la novela se comportan de manera extraña y llevan a cabo acciones que el lector no termina de comprender por ilógicas). Esta peculiaridad, lo estrambótico de sus protagonistas y los que las rodean, hacen que no sepas lo que va a pasar (es imposible predecir su comportamiento aberrante). Así pues, uno se interna en la novela para averiguar cómo se va a resolver todo el entuerto.

La prosa peca a veces de enrevesada (demasiadas vueltas para decir algo sencillo) y en ocasiones es contradictoria (dentro de un mismo párrafo plantea una idea y todo lo contrario) y quizás se extiende en algún capítulo en cosas que no aportan nada nuevo. No queda clara la obsesión de Aurelia con el hombre del sombrero negro, una obsesión que surge de golpe sin que se nos haya dado ninguna pista de que este hombre la atraiga en absoluto (de hecho las veces que se nombra a este señor nos hace sospechar de él desde el principio y no creer que tiene un carisma o una belleza que pueda llegar a conquistarte sin decir una sola palabra, sólo pisándote un pie en una comida a la que se autoinvita y en la que deja a la protagonista plantada). La aparición de los vendedores de las máquinas de coser parece metida con calzador para conseguir en ese capítulo dar respuesta a todos los frentes que había abierto. En general el ambiente de la novela es extraño, como si una estuviera metida en un sueño en el que pasan cosas teñidas de una atmósfera densa y asfixiante.

¿Qué creo que quiere decirnos la autora con esta novela? Que siempre envidiamos lo de los demás y nos empeñamos en conseguir lo que otros tienen. Ambicionamos lo de otros en lugar de lo nuestro propio y por tanto siempre nos empeñamos en cantar una canción que no es la nuestra. Ambas protagonistas, tanto Adelita como Aurelia se envidian la una a la otra y ambas acaban actuando de acuerdo a los intereses del hombre del sombrero negro y por tanto cantan la canción que él les pide, la canción de Dorotea, en lugar de las suyas propias. Ambas acaban viviendo una vida que no es la suya.

¿Por qué Aurelia acepta quedarse con el hombre del sombrero negro? Aurelia se nos muestra desde el principio como una mujer sumisa, con falta de iniciativa que se lamenta por la vida que tiene pero que no hace nada por cambiarlo. Espera que sean los demás con sus acciones los que consigan hacerla más interesante. Por eso actúa de esa manera tan extraña ante el robo de la sortija. Ese robo la convierte en víctima y por primera vez a ojos de todos puede ser la protagonista de su propia historia. ¿Para qué resolver con diligencia todo? Eso haría que lo único interesante que está ocurriendo en su vida se acabe. Ella espera algo que no recibe, atención, y por eso acaba entrando en una depresión. Se siente totalmente invisible. Ella misma lo dice claramente y culpa a Adelita de todo su malestar porque siendo tan horrible como es físicamente parece que sea ella una y otra vez la verdadera protagonista. Al final se entrega al hombre del sombrero negro porque espera que de esta manera, ocupando el lugar “privilegiado” de Adelita, puede conseguir lo que más anhela: ser vista.

 

 

Club de lectura en librería Bravo

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El pasado jueves inicié mi andadura como coordinadora del Club de lectura de la librería Bravo (la mejor librería de Fuenlabrada, siempre apostando por la cultura).

¿Qué es lo que espero de esta experiencia? Espero estar a la altura, conseguir aportar al grupo algo interesante y nuevo, igual que ellos me aportarán a mí (estoy 100% segura de que voy a aprender mucho con ellos) y cubrir algunas tareas pendientes (sí, lo admito, hay muchos clásicos que aún no he leído y es posible que esta sea mi oportunidad para decidirme a hacerlo). Estoy impaciente, deseando que llegue ya este jueves, en el que habremos leído la primera parte del libro de este mes, para comentarlo. Me interesa saber sus opiniones y ver hasta dónde puede llevarnos un libro.

Como comenté el primer día:

– Forrest Gump decía “La vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar“. Esto mismo lo podemos aplicar a los libros, tampoco sabemos lo que contendrá hasta que lo leemos. No me odiéis si he propuesto alguno que sabe rancio…

Las propuestas que han sido sometidas a votación este mes de octubre han sido:

  1. Pequeño teatro (Ana María Matute)
  2. Los mares del sur (Manuel Vázquez Montalbán)
  3. Melocotones helados (Espido Freire)
  4. La canción de Dorotea (Rosa Regàs)

La elegida por los miembros del club ha sido La canción de Dorotea.

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